domingo, 6 de febrero de 2011

José Emilio Pacheco: Las batallas en el desierto

Idioma original: español
Año de publicación: 1981
Valoración: Imprescindible

Qué cabrón, el José Emilio Pacheco este. Pero qué cabrón. Ha escrito la novela que a mí me gustaría escribir. O por lo menos, el tipo de novela que a mí me gustaría escribir. En apenas ochenta páginas (con letra grande) ha conseguido reunirlo todo: una historia de amor imposible; el retrato de un país cultural y económicamente invadido por otro; la hipocresía de la alta sociedad mexicana; la corrupción política que azota al país; el aprendizaje vital de un niño oprimido por los prejuicios de los adultos; y todo ello con un estilo que, sin dejar de ser poético, deslumbrante, es también claro y fluido, no interrumpiendo la narracíón sino enriqueciéndola.

Qué cabrón, el José Emilio este.

Y mira que la historia en sí no tiene casi nada: un chico, un chaval, mexicano, años 40, que se enamora perdidamente de la madre de un amigo (sí, el mismo material con el que El Canto del Loco hizo "La madre de José"); pero es que lo importante no es eso, sino todo el mundo que rodea a ese pequeño milagro amoroso, y que lo desbarata, lo vuelve sucio, lo reprime, lo culpabiliza, lo pudre. Un mundo obsceno en el que los poderosos pueden tener queridas y aceptar sobornos, enriquecerse ilícitamente y sobar a las criadas, siempre que mantengan una fachada de respetabilidad y se arrimen al árbol adecuado.

Y la historia de amor en sí, qué simple, qué bonita, qué lejos de otras idealizaciones o melodramas novelescos. "Querer a alguien no es pecado, el amor está bien, lo único demoniaco es el odio", dice el narrador, ya adulto, pero desde su conciencia y su consciencia infantil (que me recuerda a esa otra frase de Fortunata y Jacinta: "querer a quien se quiere no puede ser cosa mala"). Y las amistades, la política, los juegos, la economía, todo el México pos-revolucionario de la época de Miguel Alemán pasa por esa misma mirada, aturdida pero inteligente, del pequeño Carlos. "El pasado es un país extranjero", dice la cita de H.P. Hartley que encabeza el libro; y ese efecto de extrañeza íntima se refleja en todo el libro, hasta su final insinuantemente abierto.

Qué cabrón, el Pacheco este. ¿Y dices que encima es poeta, y de los buenos, y que ganó el Premio Cervantes en 2009? Qué cabrón. Pero qué cabrón.

4 comentarios:

Paula dijo...

Qué buena pinta tiene, Santi. Me lo apunto ^^

Claudine dijo...

Hace ya mucho que considero esta novela como una maravilla, ya que nos dice tanto sobre el Mexico de ayer y de hay! Hasta la enseñé a mis alumnos (franceses). Pues soy francesa y vivo en Paris, despues de una larga temporada en México.

Otra cosa: necesito saber rapidamente quien es el fotografo cuya obra esta en la portada aqui enseñada. Gracias de antemano ;-).

Roberto Hasting dijo...

He disfrutado como un almanaque con este libro. Lo estoy recomendando a todo el mundo.
No conocía a Pacheco, pero a partir de ahora me declaro incondicional.
Este libro no tiene nada que ver con La tregua de Benedetti, ni el argumento, ni lo que trata de transmitir el autor, ni el tono, ni nada en realidad. Y sin embargo me he acordado de La tregua al leerlo.
No sabría decir por qué. Y además no importa. Es una maravilla que es lo importante.

Nicolás Flamel dijo...

Un GRANDE José Emilio, y esta obra en especial magnifica, poco mas que decir.
QEPD J. E. P.