domingo, 17 de diciembre de 2017

David Foster Wallace: Extinción

Idioma: inglés
Título original: Oblivion
Año de publicación: 2004
Traducción: Javier Calvo
Valoración: bastante recomendable

No soy muy de pronunciamientos tan entusiastas sobre aspectos tan superficiales, pero he de comenzar diciendo que se me ocurren pocas portadas de libros tan representativas como la de Extinción. He buscado por todas partes, pero aún me queda la duda de si es una foto tomada casualmente, algo preparado, o se trata de una de esas pinturas hiper-realistas de pintores como Richard Estes. La elección de la imagen me parece magnífica: ese ejecutivo medio de los años 90 amodorrado, sentado en la taza del inodoro, con su maletín de código numérico (donde seguramente solo lleve el periódico y el almuerzo del día) parece poder ser cualquiera de los protagonistas de los relatos incluidos aquí. 
Otra curiosidad: dos de estos relatos han sido objeto de sendos zooms por dos de nuestras estrellas. Encarnaciones de niños quemados y El alma no es una forja tuvieron muy positivas reseñas y desde luego no voy a poner ni una pega a las opiniones en su día expuestas, aunque he de decir que en Extinción en su conjunto percibo un cierto síntoma de cansancio en la prosa precisa y exuberante de Foster Wallace, una percepción seguramente algo ventajista.   Pero el libro está envuelto de un aura pesimista y ligeramente resabiada que está lejos de la sorna de Algo supuestamente... y se aproxima más, y vuelvo a recordar la precisión de la imagen de la portada, al hastío y al aburrimiento que asolaban a los personajes de la inacabada El rey pálido. Puede también que las diatribas contra el capitalismo de La broma infinita tengan cierta continuidad aquí. Inaugurar con Señor Blandito es toda una declaración de principios. Una comisión organizada por una de esas áreas de producto de una enorme compañía alimenticia es convocada para pronunciarse sobre ¡Delito!, un nuevo dulce, sobre su textura, el glaseado de azúcar y cómo éste ha de crujir, hasta sobre el perfil de gente-sana-cediendo-a-la-tentación que configura su target.
Foster Wallace conoce las mecánicas de las grandes empresas. Bueno, Foster Wallace conoce (conocía) muchas cosas.
Se conoce, claro, a sí mismo: El neón de siempre contiene párrafos que suenan a sesión de psicoanálisis (otros párrafos lo son) y no tenemos muy claro si ese soy un fraude no va más allá del relato de ficción. Si hay un signo distintivo de este libro, si hay una vaga sombra que planea por encima de los relatos, ésta sería cierta ansiedad matizada y oculta, para nada edulcorada y a veces hasta demasiado, ejem, gráfica. Si el relato que abre habla de dulces el relato que cierra no habla de dulces. No exactamente. Potente carga de profundidad contra el arte moderno o el concepto moderno del arte. Bueno, quizás el pos-moderno, vale. Tantas reseñas y al final dije la palabrita. Esa semblanza ligeramente divagatoria sobre la redacción de una revista de tendencias alojada en el World Trade Center pre-ya-sabemos-qué, cómo se discute y se afronta la posibilidad de hablar o no o de un escultor que crea su obra a base de la última palabra de El coronel no tiene quien le escriba y cómo un redactor acomete, fascinación ligeramente desasosegante incluída la posibilidad de certificar que ése proceso de creación es así, sin intervención alguna. O Extinción, una pareja resolviendo o intentando resolver sus desavenencias conyugales derivadas de los ronquidos del marido, con cruce de recriminaciones y, otra vez, con esa abrumadora sensación de la gente de mediana edad enfrentada a sus terrores: la falta de ilusión, la falta de estímulo, las dudas, la constatación del desastre. Y la figura, casi tragicómica, de la intervención médica a lo grande, de las grabaciones de los períodos de sueño y de la escenificación casi judicial de la emisión del diagnóstico.
Pues insistiré, DFW conocía el mundo que describía. La palabra suicidio vuelve a aparecer aquí y sus personajes solo son hilarantes desde lo tragicómico. Casi siempre son hombres desorientados que parecen ser incapaces de responder a lo que se espera de ellos. Para nada los intrépidos y agresivos hombres modernos triunfadores que el capitalismo se empeña en crear. Ese retrato panorámico es también el de su autor. Un hombre agazapado tras una bandana, un estilo magnífico, y una pantalla de inseguridad.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Salvador Dalí: Babaouo

Idioma original: francés
Título original: Babaouo
Traducción: Esteban Riambau Saurí
Año de publicación: 1930
Valoración: Está bien (curiosidad, diríamos)

Reconozco que no le tengo mucha simpatía a Salvador Dalí. O, mejor dicho, al personaje de Salvador Dalí, porque el ‘Avida dollars’ terminó por comerse absolutamente a su anfitrión, al artista originario, hasta el punto de hacernos dudar de si realmente existió algo que no fuese el icono del marketing surrealista. Pero el desdichado exhumado y resepultado era desde luego un tipo original, creativo y sobre todo con una prodigiosa mano para el dibujo. Es ya casi un tópico aludir a la trinidad Lorca-Buñuel-Dalí en la Residencia de estudiantes, pero lo que es innegable es que la estrecha relación entre aquellos tres personajes dio lugar a influencias mutuas que enriquecieron su respectiva creación individual, e incluso a algunas colaboraciones memorables, como las famosas películas ‘Un perro andaluz’ o ‘La edad de oro’, dirigidas por el genio aragonés y cuyos guiones escribió conjuntamente con Dalí.

Aunque la faceta más conocida de Dalí son quizá sus pinturas surrealistas, los huevos en diferentes versiones y multitud de cachivaches más o menos sorprendentes, además, claro, de sus payasadas mediáticas, el marqués de Púbol se mostró siempre muy interesado por el cine. Como decía antes, colaboró con Buñuel en las dos cintas citadas, pero realizó otras incursiones, no siempre afortunadas, en entornos cinematográficos bien distintos, como por ejemplo con Walt Disney o Alfred Hitchcock. Me queda la duda de si la afición de Dalí por el cine era sincera, al margen de constituir otra posible fuente de ingresos; porque lo cierto es que, casi como cualquier otra actividad de las que emprendía el artista de Figueres, se quedó en una aproximación un tanto infantil, sin llegar a explorar en serio las posibilidades de aquel arte. A lo mejor pensaba que era suficiente con dejar caer unas cuantas extravagancias y darles forma y color para hacer funcionar una obra cinematográfica. Y no.

El caso es que en 1930 se decidió a escribir él solito el guión de ‘Babaouo’, dejando constancia ya en la primera página que ‘C´est un filme surrealiste’, por si acaso. La edición de Labor de 1978, bilingüe y muy cuidada dentro de su formato ‘de bolsillo’, incluye varios dibujos de Dalí y una lámina en color, anunciando que también incorpora el facsímil de una tarjeta enviada por Raymond Roussel al autor… la cual debió acabar perdida por ahí antes de llegar el libro a mis manos. Antes de entrar en harina, hay un texto aparatosamente titulado ‘Compendio de una historia crítica del cine’, que no deja de tener algún interés. Si bien tampoco se distinguía por un discurso teórico demasiado elaborado, Dalí muestra en él su rechazo al cine de raíz psicológica y su admiración, por ejemplo, por los Hermanos Marx. Son apreciaciones personales a las que se quiere dar una cierta coherencia y, aunque casi nunca lo consigue, sí que pone en evidencia su admiración por este arte, en el que quizá anhelaba brillar.

El guión de ‘Babaouo’ ni siquiera tiene formato de tal, es una sucesión de escenas descritas bastante por encima, que cuenta cómo el tal Babaouo es avisado con urgencia del peligro que corre su amada –con el prosaico nombre de Maribel Ibáñez-, secuestrada en un cierto castillo de Portugal. El pequeño viaje de rescate, que recuerda muy vagamente al Quijote (¿el personaje que Dalí siempre quiso ser?), se ve jalonado, como no podía ser menos, por numerosos imágenes absurdas, en la que no faltan gallinas decapitadas, ciclistas que cargan una piedra sobre sus cabezas, relojes blandos y huevos al plato. ¿Les suena, no? Una y otra vez las imágenes recurrentes de la pintura y los objetos dalinianos, que realmente en el caso del guión aportan muy poquito, al margen de algún plano que puede tener algún atractivo. Al muy escueto texto le sigue un ‘Epílogo’ que en realidad es una mera continuación, con el sello surrealista ligeramente rebajado, y otro par de textos breves que tiene que ver con la misma historia, una especie de parches, como si el autor no tuviese muy claro cómo terminar aquello, o simplemente si debía terminar.

Digámoslo ya: el ‘guión’ en sí no tiene ningún interés más allá de la mera curiosidad o la gracia que nos pueda hacer tal o cual ‘escena’, y nos coloca de golpe ante un juicio al propio movimiento surrealista: sabemos que sus seguidores desafiaron convenciones y rompieron esquemas al describir, esculpir, pintar o filmar cosas no visibles, el subconsciente, los sueños, una realidad paralela. Así surgieron fantásticas pinturas de Magritte o Max Ernst, poemas de Breton, o las ya citadas películas de Buñuel (+Dalí). Como todos los movimientos artísticos, todo ello tuvo su momento y su importancia, en muchos aspectos decisiva para que otros artistas continuaran conquistando áreas de libertad creativa. Pero, una vez visto y leído todo lo que ya había aparecido en aquel 1930, cabe preguntarse qué más aportaban nuevas remesas de ciclistas con panes, hormigas misteriosas o gallinas sin cabeza.

Me atrevería a sugerir si esta reincidencia en las fórmulas no sería lo que movió a Buñuel a negarse a rodar a partir del nuevo guión. Cosa que por cierto sí hizo unas cuantas décadas después el director Manuel Cussó-Ferrer (creo que en 2000), en uno de esos filmes que casi nadie conoce (yo desde luego no) pero quizá sería un buen complemento para esta reseña. Como también puede serlo este interesante reportaje del canal europeo ARTE  sobre don Salvador y su ‘Babaouo’.

P.S: Como curiosidad, Esteve Riambau, hijo del traductor del libro del que hablamos, visitó ULAD hace ya bastante tiempo como autor de otro libro sobre cine.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Roberto Saviano: La banda de los niños

 Idioma original: italiano
Título original: La paranza dei bambini
Año de publicación: 2016
Traducción: Juan Carlos Gentile Vitale
Valoración: Muy recomendable

Mártires del Compás es un grupo musical que hace flamenco-fusión o algo parecido cuyo nombre siempre me ha hecho gracia, por lo original y certero: hasta donde yo sé (que no es mucho), en la música flamenca no hay peor pecado que perder el compás, precisamente. Y cada vez estoy más convencido de que lo mismo ocurre en la literatura; en la narrativa, al menos: un escritor puede hacer lo que quiera con sus personajes, con la trama, recrearse en descripciones o digresiones sin fin, permitirse experimentos modernuquis, cambios de ritmo (que no es lo mismo que el compás, aunque a los legos en música nos cueste entender la diferencia), lo que sea... pero, si equivoca el compás, si se trabuca en esto tan básico, está perdido. Dominarlo y manejarlo con soltura es algo fundamental, creo yo, para que una historia pase a ser una buena historia, una novela se convierta en una gran novela.

Algo en lo que, desde luego, destaca Roberto Saviano -posiblemente de una forma instintiva y no adquirida, pues ya ocurría en su debut literario, la celebérrima Gomorra-; esta La banda de los niños se diría que avanza a golpe de palmas y cajón flamenco. O quizás al de la caja de ritmos de un gangsta-rap, más adecuado para contar la historia -basada en un hecho real y todo eso-, de un grupo de chavales que, a lomos de sus scooters, como unos modernos forajidos, se hacen con el control criminal del centro de Nápoles, aprovechando una grieta del Sistema, un inusual vacío de poder que a ellos les sirve para eclosionar, cual unos Podemos de la Camorra. Chavales muy jovencitos pero despiadados, que no dudan en recurrir a los métodos más expeditivos; de hecho, su líder, Nicolas el Marajá, es un auténtico psicópata, amén de un macho alfa obsesionado con el poder. Un animal político, por otra parte: lo único que le interesa de la escuela es la lectura de Maquiavelo. Los demás miembros de la banda -Dientecito, Briato', Dragón, el pequeño Bizcochito...- aun siendo también bastante animales de bellota, le van a la zaga por varios cuerpos; en todos ellos, en cambio, lo que mueve su emergencia juvenil no es tanto la ambición ni, desde luego, la miseria, sino la borrachera de formar parte de un grupo, de seguir a la jauría (iba a utilizar un sinónimo, pero ya me da asco hasta la palabra), de rebozarse juntos en la violencia, ya sea en la vida real o en los videojuegos; en  las películas de gángsters o en el sexo aprendido en Pornhub. Aunque, al fin y al cabo, se trata de la historia más vieja que existe: el hijo, los hijos, que se rebela contra el padre -literal y metafóricamente, aquí-; Lucifer que se enfrenta a su Creador y se convierte en el Ángel Caído  -una referencia que sospecho Saviano ha tenido en cuenta, como apreciarán quienes lean la novela-, que también debe tener aspecto de niño, por qué no...

La novela remite también, inevitablemente, al libro que sirvió de presentación -y de qué manera- a este autor napolitano; ahí está el background de La banda de los niños, el poso, el mantillo del que surgen estas flores del mal que son el Marajá y sus colegas... Tampoco puedo dejar de acordarme de esa otra estupenda historia de Giancarlo De Cataldo que es Una novela criminal, sobre la banda de la Magliana. O incluso la narrativa de Bret Easton Ellis. Pero quizás sean más bien las referencias cinematográficas las que, de forma inevitable, acuden a la mente al leer este libro: por supuesto, Uno de los nuestros está presente o El precio del poder. O esa filigrana de relojería que es Un profeta, de Jacques Audiard. Y, desde luego, también recuerda a La naranja mecánica, aunque, a diferencia de Álex y sus drugos, estos niños de Forcella no se mueven, o no sólo, por un impulso nihilista. De hecho, lo más perturbador de toda la novela, más todavía que la minoría de edad de esta banda de traficantes, asesinos y hasta terroristas, resulta el hecho de que representan al Caos que acaba con el Orden, sí, pero también al Nuevo Orden (las resonancias fascistas de este concepto tampoco son desdeñables) que sigue al Caos. Y ya sabemos que todo orden, pero más aún el que quiere imponerse, puede ser terrible.


Otros libros de Roberto Saviano reseñados en Un Libro Al Día: GomorraLo contrario de la muerteCeroCeroCeroLa belleza y el infierno

jueves, 14 de diciembre de 2017

Pablo Herrán de Viu: Manuel Bergman




Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2017
Valoración: Está bien 

 Nueva York es una metrópoli que mengua a la gente hasta hacerla desaparecer. Sus habitantes son seres solitarios, desamparados, frágiles. Nuestro protagonista, Jorge, no es una excepción, como tampoco lo son la mayoría de personas con las que se cruza a lo largo de los quince días que dura la novela. Personas con relaciones que arruinan su vida profesional, o con una vida profesional que arruina sus relaciones. Personas con sueños rotos, aplastados por una realidad inmisericorde. Personas con carencias y defectos. 

 Jorge lleva dos años en la Gran Manzana; dos años estériles. Quiere ser guionista, pero no consigue arrancar. Se da cuenta de que no le será fácil lograrlo. Y tendrá que tomar decisiones difíciles para ello, que le afectaran tanto a él como a su entorno.  

 Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. La cual, como ya he dicho, dura quince días; cada uno es un capítulo. Debo decir que hay alguno que otro que se hace más largo que un día sin pan (perdón por el chiste malo), pero en general aportan a la trama y no carecen de cierto interés. 

 La historia contiene algo de autoficción y se podría considerar de aprendizaje. Moderadamente trágica, va proporcionando agradables dosis de alivio cómico. Estos toques cómicos (a veces puro humor cínico) me han hecho llevadera la lectura; agradezco su presencia. Y es que difícilmente se me puede mantener por más de doscientas páginas apenado por un personaje; algo más complicado todavía en una historia de corte realista que transcurre en estas coordenadas (país del primer mundo, protagonista sin problemas realmente abrumadores, etc...). 

 Debo destacar la caracterización de los personajes. La gran mayoría están mínimamente desarrollados, y no me ha sido difícil simpatizar con varios de ellos. Lástima que Eve Sternberg sea demasiado excéntrica como para resultar remotamente verosímil (cosa que la obra se empeña en querer demostrar): está claro que es uno de los aspectos de la novela por los que el autor apostó más fuerte. 

 Probablemente una forma de disfrutar este libro es ignorar las palabras de la contraportada, que lo vinculan con autores como Salinger, Fante o Auster (así, tirando a la baja). Y es que la promoción editorial puede resultar, en ocasiones, perjudicial para el producto al que se hace mención. En este caso, acudir a Manuel Bergman con grandes expectativas provocadas por referentes tan enormes puede dejarnos algo desconcertados. 

 Es cierto que la novela toma aspectos de la narrativa de Auster. Algunos de ellos, positivos, aunque se decanta por otros que a mí nunca me han convencido. Por ejemplo, el azar, tratado de forma conveniente, lo que lo vuelve algo artificial y, paradójicamente, premeditado. El doble como entidad más real que la propia identidad. O los personajes excéntricos hasta límites inverosímiles.

 Su inspiración en la obra de Fante me es, honestamente, más difícil de ver. Es cierto que nos encontramos ante un personaje joven que quiere escribir, que parece creer que su existencia y su lugar en el mundo depende de semejante empresa. Pero esa es toda la relación que yo he encontrado entre ambos autores. Sí, no ignoro la autoficción, ni el extranjero que llega a la Gran Manzana con la intención de comerse al mundo. Pero es que Fante toca estas ideas con una honestidad vivencial y profundidad de las que Manuel Bergman carece. 

 Sobre Salinger ya no me pronuncio, porque no he percibido nada relevante que remita a su estilo en esta novela. Y ojalá que no se refieran a lo del joven incomprendido.

 Mi problema con este libro, pues, se resume a la extensión innecesaria de algunos pasajes y a que tiene cierta inclinación a emular las características del Auster que a mí menos me impresiona. En general, pero, transmite una historia que, sin destacar por su originalidad ni relevancia entre otras tantas similares, funciona a su modesta manera. En otras palabras: tiene algún que otro hallazgo propio, aunque la comparación con titanes mucho más capaces le hace un flaco favor. 

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Elena Ferrante: La Frantumaglia

Idioma original: italiano
Título original: La frantumaglia
Traducción: Celia Filipetto Isicato
Año de publicación: 2017
Valoración: interesante

Hace más de veinte años que Elena Ferrante escribe con notable éxito y sin embargo es bien poco lo que sabemos de ella. Los medios de comunicación la han acosado hasta la saciedad y al final no les ha quedado otra que entrevistarla por escrito y a través de sus editores que siempre han contribuido celosamente a salvaguardar su privacidad. 

Las preguntas formuladas en dichas entrevistas en diferido se dividen en dos grupos: las que inquieren directamente y sin complejos acerca de su vida personal (y que ella despacha de un plumazo) y las que indagan en su mirada y en su obra con un calado y una concreción tan abrumadora que no puedo evitar sospechar si no pretenderán aturdirla para que se le acabe escapando algún dato personal del estilo «por eso la protagonista de mi novela es rubia como yo». Pero Elena Ferrante se enfrenta a todas esas preguntas con tanta implicación que algunas de sus respuestas adquieren la envergadura y la profundidad de auténticos tratados y es entonces cuando sus editores dicen: vaya, vaya (che sorpresa, en italiano) ¡si con esto hay material para un libro!. Era el año 2003 en Italia y Ferrante ya contaba con sus dos primeras obras publicadas, consagradas y con sendas adaptaciones cinematográficas. A partir de ahí publicó varias obras más (entre ellas la tetralogía Dos amigas que acabó por catapultar a la autora al éxito internacional); las peticiones de entrevistas se incrementaron y Elena Ferrante siguió respondiendo con sus elaboradísimas reflexiones hasta que en 2015, che sorpresa, ya era posible una reedición de La Frantumaglia versión extendida y, esta vez, también para el público hispanohablante. En palabras de su editora, Sandra Ozzola Ferri:

(…) el proyecto de La Frantumaglia consistió siempre en dar a todos sus lectores, desde El amor molesto hasta hoy, con la tetralogía Dos amigas, una escritura que sin demasiados velos, a través de fragmentos varios, apuntes, puntualizaciones, incluso contradicciones, sostuviera las obras de ficción como solo puede hacerlo un libro que acompaña a otros libros.
¿Estoy sugiriendo que la oportunidad hizo al libro? Sí, pero no por eso se le puede negar su interés, que lo tiene. Desde mi punto de vista hay dos maneras de disfrutar la lectura de esta obra:
  • El lector habitual de la obra de Ferrante, probablemente leerá este libro como si cayera en una especie de maravillosa ensoñación en el que la autora desgrana todos y cada uno de los elementos que caracterizan su obra, con esa voz segura y convincente (que no soberbia).
  • El lector accidental o primerizo experimentará su entrada en el mundo literario de una autora muy sólida y con una mirada y una voz realmente poderosas. En este caso, la reiteración de algunas cuestiones concretas que tienen que ver con alguna de sus obras puede llegar a ser algo aburrido pero si nos acogemos a los grandes temas: el abandono, la mujer antigua y la mujer moderna, el cuerpo de la mujer, la violencia... y llegamos a entender los mecanismos mediante los cuales la autora ha llegado a las conclusiones que ha llegado, resulta una lectura muy interesante. Pero tal vez sea por el hecho de que no soy muy conocedora de la obra de Ferrante que el pasaje que más me ha gustado de todo el libro es el que lleva precisamente el título de La Frantumaglia. Ese capítulo es el único con una carga autobiográfica considerable pero hace gala de una capacidad de introspección como no había visto antes y resulta un texto intensísimo a la par que bello.
Pero seamos más o menos incondicionales de esta autora, la lectura de sus entrevistas y de sus reflexiones ya nos pueden facilitar una idea muy clara de la magnitud del monstruo literario que tenemos delante: su pensamiento humanista, su compromiso absoluto con lo que escribe, el temperamento aguerrido y severo con el que aborda los conflictos que quiere transmitir; su gran capacidad introspectiva (e inconformista) y la habilidad para darle traslado a sus personajes, su mirada femenina moderna y, a la vez, bien conocedora de lo que conlleva su legado. 

En resumen, y más allá del oportunismo que mencionaba, este primer acercamiento a Elena Ferrante me ha dejado profundamente impresionada y para evitar un mayor desparrame de elogios concluiré con un sencillo y contundente Elena Ferrante pilota bastante. De ahí mi valoración de interesante con la puntualización de imprescincible para aquellos que ya son lectores devotos.

En relación al título, en el libro se hacen tantas alusiones y con tantas metáforas que acaba resultando confuso. En realidad, el libro de La Frantumaglia es un compendio o recopilatorio de material alrededor de la obra de la autora y frantumi significa algo así como fragmentos o trocitos, por lo que doy por zanjado el enigma. 

Y ya para terminar, bonus track navideño en forma de banal cotilleo: hará cosa de un año un periódico italiano invirtió una cantidad nada desdeñable de sus recursos para desenmascarar a la escurridiza Elena Ferrante y, al parecer, lo consiguió. Libres sois de activar o no este link. (Y qué buena noticia sería que se emplearan la mitad de esfuerzos para desenmascarar y encarcelar a tanto corrupto que anda suelto).

martes, 12 de diciembre de 2017

Martín Caparrós: Larga distancia

Año de publicación: 1992
Valoración: Muy recomendable

No es fácil etiquetar este libro. O, mejor dicho, no es fácil etiquetar este libro en una sola categoría porque "Larga distancia" es, al mismo tiempo, crónica o reportaje periodístico, relato puro y duro, ensayo y crónica de viajes. Y es que los dieciocho textos que componen esta edición 2017 de "Larga distancia", cortesía de Malpaso, son de lo más variopinto, tanto en género y extensión como en ubicación geográfica.

Escritos todos ellos a finales de los 80 y primeros 90 y originalmente publicados en 1992, los textos se sitúan, entre otros, en lugares tan dispares como la Rusia post-perestroika, la China post-Tiananmén, el Haití de Jean Bertrand Aristide o la Bolivia cocalera. En cuanto a género, se alternan, mayoritariamente, las crónicas periodísticas con relatos más o menos ficticios sobre personajes históricos.

Las crónicas periodísticas son impresionantes. No me ando por las ramas: me han encantado. Con una mezcla de datos objetivos (estadísticas de producción, cifras de exportaciones, etc), observaciones subjetivas y entrevistas con testigos o protagonistas directos de los acontecimientos, ya sea el presidente Jean Bertrand Aristide o un violinista callejero, Caparrós pone de manifiesto las contradicciones provocadas por la "aceleración (¿o fue el fin?) de la historia" que tuvo lugar a finales del siglo XX. Valga como ejemplo la URSS en descomposición, con sus viejos nostálgicos y los jóvenes deseosos de McDonalds y Mercedes; también la China de principios de los 90, en un desaforado proceso de occidentalización que hace aún más visibles los contrastes derivados de aquello de "un país, dos sistemas"; o la Bolivia que ignoró e incluso delató al Che y su guerrilla y que ahora lo venera como un santo. 
Merece también la pena destacar esas observaciones subjetivas del autor. Es innegable su sesgo ideológico (alguien dijo por ahí que somos subjetivos porque no somos objetos). Independientemente de ese sesgo, Caparrós marca distancia con las realidades de las que escribe, tratándolas en muchos momentos con buenas dosis de ironía. Por último el estilo del autor, directo y ágil, hace que nos traslademos en un abrir y cerrar de ojos a los lugares que los protagonizan y que la lectura de las crónicas sea sumamente entretenida.
No quisiera en esta parte de la reseña olvidarme del texto "Malcolm Lowry. Ni el volcán", una tremenda entrevista con el autor británico que, por sí sola, es una verdadera joya.

Intercalados entre las crónicas periodísticas nos encontramos con breves semblanzas, a modo de relatos cortos, de personajes como Fouché, Alcibíades o Saderman, poliemigrado ruso del que Caparrós nos narra su peculiar descubrimiento de América. Estos textos son aún más irónicos que los de marcado carácter periodístico, pero he decir que me han resultado menos interesantes.

Y es que aquellos tienen un nivel muy alto. Además de su innegable calidad literaria, poseen la virtud de la inmediatez, de generar imágenes casi documentales y de meternos de lleno, en apenas unas frases, en realidades tan distintas y distantes.

Eso sí, tanto en unos textos como en otros, siempre están el viaje y el mito, tan unidos desde aquellos lejanos días de islas soñadas y cantos de sirena. El viaje como experiencia, ya sea por trabajo o por ocio, iniciático o de huida, en el que lo importante es llegar, mirar, observar y, por encima de todo,  volver para contarlo

También de Caparrós en ULAD: El hambre

lunes, 11 de diciembre de 2017

Angela Davis: La libertad es una batalla constante: Ferguson, Palestina y los cimientos de un movimiento

Idioma original: inglés
Título original: Freedom Is a Constant Struggle: Ferguson, Palestine, and the Foundations of a Movement
Año de publicación: 2015
Valoración: está bien

Personaje clave en el activismo mundial, Angela Davis ha luchado a lo largo de su vida en favor de muchas causas, todas ellas con un elemento común: la igualdad social y la defensa de las clases más desfavorecidas de la sociedad. La figura de la autora es ampliamente conocida en el mundo del activismo, y su pasado es una clara muestra de su compromiso; de ideas marxistas (lo cual supuso su expulsión como profesora de la Universidad de California en época macarthista), estuvo también implicada en el movimiento de las Panteras Negras e incluso fue acusada de asesinato en un altercado con la policía (del que acabó siendo absuelta), motivo por el cual se dio a la fuga, siendo perseguida por el FBI y causando que apareciera en la lista de las diez personas más buscadas del planeta por terrorismo. Por tanto, es evidente que, más allá de compartir (o no) sus teorías y su ideología, la vida llevada a cabo por la autora la sitúa como una voz a tener en cuenta por el activismo.

Con una estructura basada en diez capítulos cortos, correspondientes a conferencias impartidas por todo el mundo y entrevistas por diferentes medios de comunicación, el propósito del libro es exponer diferentes temas que deberían ser cuestionados por la sociedad, y establecer un marco donde plasmar las reflexiones ante ciertos aspectos que deberían ser tratados, para lograr con ello una sociedad más justa y equilibrada. De esta manera, a pesar de que cada capítulo es independiente y, por tanto, puede leerse de forma independiente, sí existe entre ellos una conexión respecto a los temas tratados, de manera que podemos encontrar el mismo tema en varios capítulos. Este aspecto ayuda a interiorizar los temas expuestos, pero también produce una gran sensación de repetición si uno lee el libro de manera continua. Por tanto, ahí mi primera recomendación: tratar el libro como libro de consulta, y leerlo en diferentes momentos alternándolo con otras lecturas. Otra recomendación que añadiría es tener cierta información previa sobre los temas tratados, para poder aprovechar los conocimientos que la autora expone (otra opción sería leer este libro para abrir la mente a los temas expuestos, y profundizar posteriormente).

El conjunto de conferencias y entrevistas publicado trata, en primer lugar, sobre la colectivización en los movimientos, la formación de los Black Panthers y qué pretendían conseguir, enlazando este tema con los altercados de Ferguson; ahí habla sobre la policía y su formación con técnicas propias de un ejército y echa una mirada atrás enlazando este tema con la colonización y la esclavitud vinculadas a la historia de los E.E.U.U. Manteniendo el discurso sobre estos ejes, aborda los problemas del racismo en la sociedad norteamericana a todos los niveles, especialmente el económico y social. Profundizando el discurso, habla de Martin Luther King, del movimiento Black Lives Matters, de Rosa Parks e incluso de Barack Obama, y enlaza el tema del racismo con el conflicto entre Israel y Palestina, explicando la importancia de las facciones colectivas en la lucha contra el racismo y la desigualdad. La lucha en comunidad es la única que puede hacer posible el éxito en su propósito, la comunidad es la que mantiene la esperanza y el optimismo, porque hay que afrontar el tema del racismo, no a través de casos individuales, sino de manera sistémica; la autora defiende la importancia de la difusión sobre la necesidad de la lucha, y vincularla al mayor número posible de países, exponiendo los temas con una mirada global, estableciendo paralelismos entre lo que ocurre en un territorio y lo que ocurre en otros, para que la población entienda que esos conflictos no pertenecen a un territorio concreto sino que se trata de problemas globales, pues afectan a los derechos humanos. En este aspecto, trata también la lucha por los derechos de las mujeres, y la necesaria involucración de los hombres con la causa, la importancia de su implicación en el feminismo, así como los derechos del colectivo LGTBI.

Adicionalmente, el libro también plantea interesantes cuestiones sobre las cárceles, su necesidad y su función en la sociedad; la autora es muy crítica con ellas por considerarlas un negocio que interesa al estado y por no estar orientada a la ayuda a los presos, sino a intereses económicos que incluso se expanden más allá de las propias cárceles, hasta llegar a las escuelas donde los profesores son formados en el uso de armas. Sus ideas van en el camino de que en lugar de tratar los orígenes de los delincuentes y las causas que les ha llevado a la cometer los delitos, simplemente se actúa sobre las consecuencias. Según su visión, se debería analizar el por qué una persona llega a cometer los crímenes, qué provoca que su manera de ser cambie para llegar a ser capaz a de cometer un crimen; haciendo especial hincapié en la falta de formación y de oportunidades, se deberían analizar las causas psicológicas que llevan a una persona en una sociedad a cometer actos delictivos y centrar el esfuerzo en corregir el comportamiento antes de que el suceso ocurra (cuestión largamente tratada a lo largo del tiempo, como hizo, por ejemplo, Victor Hugo hace doscientos años). La autora aprovecha la reflexión sobre el sistema penitenciario para criticar instituciones como el FBI o la CIA por su dificultad en adaptarse a la sociedad, afirmando que «la memoria individual es mucho menos duradera que la memoria de las instituciones, sobre todo de las instituciones represivas».

De esta manera, el libro plantea un conjunto de reflexiones interesantes y sitúa la lucha por las libertades en una lucha global, destacando que, para conseguir su resultado, es necesaria la interconexión entre luchas parecidas en distintos territorios, la internacionalización de la batalla en diferentes lugares estableciendo un marco común para conseguir empatía entre los diferentes pueblos y unir a la población de diferentes lugares en una misma lucha, por una misma causa: «La lucha contra los abusos atañe a todos, es global, estableciendo una solidaridad entre pueblos en una lucha común contra los abusos, en una batalla global a favor de la libertad». Interesante libro, a pesar de su excesiva reiteración de temas que lastra bastante su lectura, pues aporta una mirada crítica al mundo en el que vivimos, lo cual siempre es bueno.