miércoles, 24 de mayo de 2017

Julia Strachey: Precioso día para la boda

Idioma original: inglés
Título original: Cheerful Weather for the Wedding
Año de publicación: 1931
Traducción: Laura Salas Rodríguez
Valoración: está bien

Encuadrada dentro de ese peculiar género  que podríamos denominar "literatura humorístico-romántica británica del periodo de entreguerras" (seguro que existe un nombre más sintético, pero yo lo ignoro) y que en los últimos años ha estado de moda entre algunas editoriales españolas, (no sé si sigue estándolo), facilitándonos asi el acceso a divertidos autores como E. F. BensonNancy MitfordD. E. Stevenson o Stella Gibbons, encontramos también a esta Julia Strachey (ya acabo la frase, tranquilos), escritora que, sin embargo, tiene un par de peculiaridades con respecto a otros del mismo registro: en su vida sólo publicó un par de novelas  y además  perteneció a un grupo de lo más selecto dentro de la cultura británica, el conocido como Círculo de Bloomsbury (entre otras cosas, porque era sobrina del irónico y elegante Lytton Strachey). De hecho, esta Precioso día para la boda fue publicada en su momento por Hogarth Press, la editorial fundada por Leonard y Virginia Woolf.

Y eso que, en un principio, la novela no parece adscribirse a un argumento demasiado "intelectual" (pongamos todas las comillas del mundo, por favor): estamos en la casa de la acomodada familia Thatcham, en plena campiña inglesa, junto al mar, un ventoso día de marzo. La casa está repleta de parientes y otros invitados porque es el día en que la hija mayor, Dolly, va a casarse con Owen Bigham, un joven y prometedor diplomático. Ahora bien, mientras su madre y hermana -con no pocos nervios- tratan de organizar el evento, dando órdenes al servicio, atendiendo a los invitados, etc... la novia, mientras se prepara, no puede dejar de sentir las consabidas dudas prenupciales, centradas en su caso en la figura de un amigo, también presente en la casa, el aún estudiante Joseph.

Esta premisa, unida a un panorama de personajes secundarios preñado de excentricidad e ironía, parecen conducir de manera inevitable hacia una de esas novelas que he mencionado antes, "humorístico-romántico-costumbrista". La sorpresa -y quien siga a partir de aquí lo hace por su cuenta y riesgo, si es que pensaba leer la novela- es que no: la historia evoluciona, o quizás es más exacto decir "se diluye", hacia un principio de drama cuasi existencial, al menos en lo que concierne a la (no) pareja protagonista. Drama que tampoco cuaja del todo, hay que señalar, por lo que, al quedar en agua de borrajas tanto en la vertiente humorística como en la dramática -también es cierto que su brevedad impide que se desarrolle convenientemente en cualquiera de las dos- el libro deviene en un inesperado híbrido, ni carne ni pescado, habitante de una tierra de nadie literaria...

Lo que no quiere decir, y aquí viene la siguiente sorpresa, que sea una mala novela: el estilo, sobre todo, es preciso y elegante, demostrando un especial talento y esmero de su autora en la descripción tanto ambiental como de personajes, cuyos diálogos son, además, ingeniosos y punzantes sin perder por ello la verosimilitud. Es una lástima, pues, que Strachey no tuviera una visión más general al escribir la novela o cambiase de opinión sobre su objetivo a media escritura; de haber guardado una mayor coherencia, en un sentido u otro, nos encontraríamos ante una obra notable y, sobre todo, más memorable de lo que al final resultó ser.



martes, 23 de mayo de 2017

Dragan Velikic: Bonavia

Título original: Bonavia
Idioma original: Serbio
Traducción: Luisa Fernanda Garrido y Tihomir Pistelek
Año de publicación: 2012
Valoración: Bastante recomendable

En 1914 comenzó la Primera Guerra Mundial, que supuso la descomposición del Imperio Austro-Húngaro y el final de un orden social o de un sistema de valores que había prevalecido sobre el resto durante décadas. Cronistas de estos cambios y de los efectos los mismos sobre las personas fueron una serie de grandísimos escritores centroeuropeos como Stefan Zweig, Robert Musil o Hermann Broch.

73 años después de la finalización de la Gran Guerra comenzaron lo que podríamos llamar las "Guerras Balcánicas". Bosnios, croatas, serbios, serbobosnios, kosovares, serbocroatas, etc volvieron a enfrascarse, con la inestimable colaboración del resto del mundo, en una serie de guerras fratricidas que tuvieron como consecuencia principal la desintegración de Yugoslavia y de orden político y social imperante desde 1945, aproximadamente.

Dragan Velikic podría ser, al igual que lo fueron Zweig, Musil o Roth, cronista de este ambiente fin de siècle estilo Tito / Milosevic. Al igual que estos, Velikic no se centra el los acontecimientos bélicos, estos aparecen únicamente de forma tangencial, sino que se centra en sus efectos sobre las vidas humanas.

Las páginas de este libro están pobladas de seres desorientados, de hombres y mujeres "sin atributos", de personas que tratan de sobrevivir y que se agarran, como un náufrago a una tabla, a una relación, a un amor acabado hace décadas, a un futuro al otro lado del océano o a un pasado del que no resulta fácil escapar.

Belgrado, Budapest, Viena, Estados Unidos. La extinta Yugoslavia desmoronada, el Imperio Austro-Húngaro desmembrado hace cien años, sus rescoldos. Escenarios, telones de fondo por el que pasan los principales personajes del libro (Miljan, Marko, Marija y Kristina) y sus existencias, con lazos que se unen y se deshacen, destinos heredados y destinos repetidos, en una sucesión de encuentros y desencuentros, de pasados, presentes y futuros que forman lo que normalmente llamamos vida.

Evidentemente, Velikic no es Zweig ni, probablemente, pretenda serlo. Pero este libro puede ser leído, igual que los del vienés, como el testimonio de un tiempo y de un orden que ya no volverán y de cómo ese tiempo, ese orden y su desaparición nos afectan. 

Un libro que, pese a un comienzo un tanto extraño (por la forma de escribir de Velikic y por la sensación de que las piezas no encajan del todo), acaba enganchando, acaba llegando al lector. El puzzle cobra sentido, si es que la vida lo tiene, y uno termina con ganas de más. Quizá en el próximo libro de Velikic.

lunes, 22 de mayo de 2017

Pío Baroja: Fantasías vascas

Idioma original: español
Valoración: Recomendable


Habrá observado el avezado lector que me he comido la información sobre el año de publicación del libro, que siempre se suele incluir en la cabecera de nuestras entradas. De entrada digo que el motivo es, sencillamente, que no tengo ni idea de la fecha. Aunque uno es bastante vaguete para hacer indagaciones en internet, esta vez me he esmerado en buscar cuándo se publicó originariamente ‘Fantasías vascas’, sin resultado. De manera que, aun arriesgándome a meter la pata, me tiraré a la piscina: yo creo que el libro está constituido por relatos y escritos dispersos que Baroja fue elaborando a lo largo de los años –seguramente, entre 1.900 y 1.910- y que alguien reunió en un volumen, puede que allá por los años 40 ó 50 del siglo pasado, que son las fechas de las ediciones más antiguas que he encontrado.

La osadía (bastante infrecuente en mi) se basa, además de la comentada ausencia de otros datos, en la dispersión y escasa coherencia de la colección. ‘Fantasías vascas’ es un compendio de diecisiete relatos, entre los que dos de ellos ocupan más de la mitad del volumen, en tanto que otros varios apenas se extienden por dos o tres páginas. Como su título indica, su común denominador es que todas ellas se sitúan en el escenario vasco, diríamos genuinamente vasco.

Las diez primeras narraciones son poco más que estampas visuales de ese entorno tópico del País Vasco rural: escenas de mar embravecido, brumas sobre las casas en que se intuye el calor del hogar, aldeanos silenciosos, caseríos montaraces. Una galería de paisajes en la que los escasos personajes son poco más que parte del escenario, en el que se funden como un elemento más. Parece un mero ejercicio de estilo, pequeños bocetos en los que, no obstante, vemos con claridad algunos de los motivos que Baroja utilizará en varias de  sus trilogías posteriores.

El primero de los relatos de mayor envergadura es ‘La infancia de Silvestre Paradox’. Más que un arranque de las famosas aventuras de este personaje, da la impresión de ser una precuela (dios mío, el palabro más abominable que se ha inventado) escrita tal vez después, o al margen de la historia principal. Sea como fuere, vemos aquí a ese Baroja genuino a la hora de dibujar personajes de acción, en este caso un mozalbete, que huyen del desarraigo a base de peripecias, pillería y algo de temeridad. Aquí está el Baroja de la frase corta y el relato vertiginoso que encontramos en sus libros de aventuras.

‘La dama de Urtubi’ es, desde mi punto de vista, la estrella de la compilación. Es en principio una historia de amores, protagonizada por una señorita de la nobleza y situada en el siglo XVII o XVIII en esa mágica zona montañosa entre el norte de Navarra y el País vasco-francés (muy cerca de Bera de Bidasoa, donde don Pío tuvo su casa familiar). Sin embargo, tras su apacible inicio el relato da un giro brusco y sorprendente para meterse de lleno en el mundo de los akelarres que tenía su epicentro en la conocida cueva de Zugarramurdi. Casi se pierde de vista el origen de la historia, ésta adquiere la aceleración barojiana habitual, y desemboca en una descripción, vigorosa y brillante, de los ritos y el desenfreno a que se entregan brujas, nobles, curas y aldeanos en la mágica caverna. Aunque el argumento es sumamente simple, me parece una narración espléndidamente construida, sin un altibajo. Para que luego se diga de las deficiencias técnicas de Baroja.

Los últimos relatos vuelven a la brevedad aunque son muy diferentes de los primeros. Si en aquéllos se dibujaban paisajes, ahora son más bien retratos que se articulan en torno a un personaje, diferentes pero con rasgos comunes: de nuevo el desarraigo, huida de la vida acomodada, búsqueda de la acción. Personajes que se identifican con el omnipresente arquetipo vasco pero que, no obstante, tampoco ocultan una emotividad bastante singular: unos más ruidosos que otros, pero todos mantienen, medio ocultos, rasgos de humanidad, como de tipos siempre disconformes, que van buscando algo que no saben lo que es.

Aparte de ‘La dama de Urtubi’, tampoco puedo dejar de destacar otras dos narraciones muy breves: ‘La venta’, poética descripción de la llegada del viajero a la posada, donde encuentra descanso y calor, y la que cierra el libro, ‘El viejo y su canción’, apenas dos páginas para una alegoría, potente y escueta, del personaje que no encuentra su lugar entre la gente, ni alcanza a comunicarse. Aunque no lo dice expresamente, ese viejo anónimo parece buscar la ataraxia también anhelada en 'El árbol de la ciencia'. Empieza así:

‘Yo soy un hombre que ha salido de su casa por el camino, sin objeto, sin saber por qué, con la chaqueta al hombro, al amanecer…’

El resto, como los demás relatos de este encantador librito, recomiendo que lo lean ustedes mismos. Lo disfrutarán moderadamente.

Otras obras de Pío Baroja en ULAD: El árbol de la ciencia

domingo, 21 de mayo de 2017

Álvaro Colomer: Los bosques de Upsala


Idioma original: español
Año de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Es bueno comprobar que los autores, sobre todo, decid que son manías propias, los de ficción, tienen capacidad para el cambio de registro. Ello no debe sonar peyorativo. La creación de universos propios no debería estar reñida con la posibilidad de probar con distintos ámbitos, de salirse de los esquemas. No es que algún autor favorito personal (Houellebecq) sea un ejemplo de ello. Pero gusta ver a un escritor intentando, con éxito, adoptar distintos tonos.
Leo Los bosques de Upsala como consecuencia del deslumbramiento (pasadas unas semanas, dista mucho de ser un fogonazo) ante la muy brillante Aunque caminen por el valle de la muerte. Y no tiene nada que ver. Para empezar en una se sitúa en un primer plano la faceta periodística y esta que hoy comento es una novela más pura de ficción: casi un thriller psicológico que no desentonaría en la obra de Lemaitre, aunque uno pueda hallar aquí rastros de Kafka o de Bernhard, o de Sábato. Palabras mayores, lo sé, pero quien se adentre en esta novela no podrá desmentirme esas influencias. 
La historia empieza cuando Julio, entomólogo dedicado a localizar un primer ejemplar de mosquito tigre en la geografía nacional, llega a casa y se encuentra ante un escenario que lleva tiempo temiendo afrontar: Elena, su mujer, víctima de la depresión, ha desaparecido. Justo el día en que se cumple su quinto aniversario de boda. Julio se teme lo peor, y una de sus primeras sospechas es que se ha suicidado, idea que sabe que anda por su cabeza hace tiempo. Julio descubre que no ha sido así, pero el hecho desencadena la búsqueda de los motivos que empujan a su mujer hacia esa situación, momento en que la novela toma un viraje al uso de cierto tipo de thriller psicológico. Colomer nos conduce, estilo sobrio al que empuja el uso constante de la primera persona con algunos -pocos- diálogos intercalados, en un monólogo interior que progresivamente nos sume en dudas. Julio arrastra sus propios traumas, uno de ellos contundente cuando, siendo un niño, presenció el suicidio de una vecina, un hecho aparentemente accidental que ha arrastrado toda su vida y que parece haber condicionado su personalidad. Y esa investigación, esa duda que le turba en lo concerniente a lo que anida en la cabeza de su mujer, empieza a mostrar sombras.
Los bosques de Upsala juega, como novela, con esa imagen del individuo que aplica su prisma subjetivo a interpretar una situación, como una cámara que empieza a desplazarse respecto a un plano fijo. Con las debidas distancias, Kafka o el Sábato de El túnel parecen asomar como influencias y, con un desarrollo digno y correcto, es una novela interesante aunque quien quiera ver los esbozos o la incipiente genialidad que Colomer ha demostrado en Aunque caminen por el valle de la muerte va a encontrarse con algo diferente.

sábado, 20 de mayo de 2017

Marguerite Duras: Las diez y media de una noche de verano

Idioma original: francés
Título original: Dix heures et demie du soir en été
Año de publicación: 1960
Valoración: Está bien



Una novela que leeremos en un par de horas y nos parecerán bien aprovechadas si no tenemos prisa por averiguar qué nos están contando. No solo se aterriza muy despacio en la trama, es que esta parece moverse en círculos en vez de avanzar hacia un desenlace. 
Más que novela, Las diez y media de una noche de verano, por su extensión y pautas narrativas, podría considerarse un relato largo al gusto del llamado nouveau roman, un movimiento que constituyó una novedad por entonces al eliminar muchos recursos de la novela clásica en aras de una objetividad transmitida a base de sensaciones para evitar la interpretación personal del narrador. A pesar del título, la acción transcurre a lo largo de veinticuatro horas y supone un vuelco en la vida de cinco personas. Aquí la imagen es la protagonista: cada retazo de paisaje, oscilación climatológica, gesto, actitud y sensaciones de los personajes son descritos minuciosamente. Hasta los diálogos, aunque significativos, parecen anecdóticos y fuera de contexto. El relato progresa, sin que apenas nos demos cuenta, a un ritmo exageradamente lento, de la forma menos explícita posible. La autora consigue con ello, por una parte, un marcado clima poético que de alguna forma equilibra la crudeza de ciertas escenas, por otra, nos convence de la veracidad de unos hechos que nos parece estar viviendo paso a paso. Lástima que la traducción resulte algo forzada y muchas veces poco convincente.
Aunque ni de lejos puede encuadrarse en el género policíaco, el argumento se abre con un asesinato y tendremos garantizado el suspense siempre que nos armemos de paciencia. Claro que no es el tipo de suspense que puede esperarse con un planteamiento de ese tipo. Ni su objeto es siempre el mismo, se va renovando con el tiempo: cuando un conflicto se resuelve otro ocupa su lugar. Conflictos soterrados en su mayor parte, que se producen en el interior de los personajes o que ocurren tan en secreto que apenas repercuten en su entorno.
El episodio culminante es sin duda esa persecución nocturna -silenciosa y de andar por casa- que se va gestando al compás de la lluvia, los relámpagos, la respiración de los durmientes y que, al margen del desenlace, servirá al lector para hacer elucubraciones de todo tipo. ¿Estará la policía sobre la pista y perseguirá a la familia francesa? ¿Habrá cogido María la pistola y se tomará, ella también, la justicia por su mano?
Pero la cuestión es mucho más simple. Lo que se plantea es un paralelismo entre dos situaciones similares que se resolverán de forma muy distinta. El melodrama que tiene lugar en tierras aragonesas se opone a la suave transición que –por usar el tópico– se producirá entre gente civilizada: ese reducido grupo de turistas que la tormenta detiene en su viaje hacia Madrid. Matrimonio, infidelidad, venganza, alcoholismo, celos. En diferentes grados y condicionados por los fenómenos naturales. Es cierto que la tragedia surgida en el ámbito rural ni siquiera se insinúa entre los visitantes, pero advertimos en estos una especie de nostalgia, de envidia por unos sentimientos tan a flor de piel, un aburrimiento, en definitiva, que aflora en ese afán por inmiscuirse en la aventura ajena, con el propósito de vivirla aunque sea de forma indirecta ya que no hay agallas para asumir la propia.
¿Qué desenlace puede esperarse de un conglomerado tan prosaico? Pues nada espectacular, una escena cotidiana parecida a cualquiera de las que Duras nos ha ido mostrado hasta ahora.

También de Marguerite Duras: El amante, Moderato cantabile, Escribir

viernes, 19 de mayo de 2017

Maggie O'Farrell: Tiene que ser aquí

Idioma original: inglés
Título original: This must be the place
Año de publicación: 2016
Valoración: está bien

Uno ya le tenía ganas a este libro después de las buenas críticas cosechadas. Como es habitual en la obra de Maggie O'Farrell, la temática de este libro sigue centrándose en las relaciones familiares y de qué modo el pasado influye en ellas. De esta manera, el libro objeto de esta reseña trata sobre la familia, no únicamente como unidad sino también como una suma de personas individuales.

En unas primeras páginas de alto nivel, con una prosa muy cuidada, la autora nos empieza a dar las primeras pinceladas de las personalidades dispares de la preja formada por Daniel y Claudette mientras va introduciendo los demás miembros de la familia. De este modo, la autora nos sitúa de entrada en un momento cercano al presente, donde vemos a la pareja con sus hijos, en una casa en Irlanda, en medio del campo, en un paisaje que podríamos tildar de idílico. En un momento determinado, Daniel oye por la radio la grabación de una entrevista realizada hace treinta años a una joven que conoció en el pasado y que murió poco tiempo después de conceder la entrevista. Oyendo de nuevo la voz de la mujer, se despiertan en Daniel recuerdos lejanos que le retornan a un pasado aparentemente olvidado, causándole la necesidad de saber qué sucedió con esa mujer. Este hecho es el desencadenante y punto de partida de la novela, que la autora utiliza para tejer una novela coral entorno a la familia y a las decisiones tomadas.

A pesar de un comienzo muy interesante por su acertado enfoque partiendo de una escena puramente cotidiana y habitual, cabe de decir que cuesta entrar en este libro. La prosa críptica e irónica que utiliza la autora da muestras evidentes de situar al lector en clara inferioridad en la narración, mostrando que el autor sabe mucho más que el lector sobre lo que sucede y que lo contará cuando lo considere oportuno (sé que estoy diciendo algo que ocurre en muchos libros, pero no siempre se hace de forma tan evidente). Asimismo la autora adelanta sucesos que ocurrirán en algún momento de la historia al cual el lector aún no ha llegado, hecho que personalmente me incomoda.

En cuanto a estructura, la narración es compleja hasta el punto de que cada capítulo (de los veintisiete) ocurre en un momento temporal y con un narrador diferente al capítulo anterior (incluso hay saltos temporales dentro de un mismo capítulo). Estos factores dificultan la lectura de una historia que, con la diversidad de personajes que contiene, ya es suficientemente calidoscópica. La decisión de la autora de explicar la historia de forma no cronológica genera gran cantidad de idas y venidas, componiendo un puzle con múltiples personajes y ubicados en diferentes momentos que, aunque la habilidad de la autora en consigue que se mantenga la coherencia del relato, rompen tan a menudo la continuidad temporal que uno tiene la sensación de que este recurso se utiliza en exceso y hay un serio riesgo en que el lector se pierda ante tanto cambio. Demasiados saltos temporales y variedad de personajes que, aunque sí conforman un paisaje común, provocan cortes en la narración que apartan al lector de su implicación en la historia, crean distancia y pierden foco. Sí cabe destacar que la narración realizada desde el punto de vista de diferentes personajes ayuda a dar mayor redondez a la definición de los mismos al ir conociéndolos a través del resto de ellos aunque, como ocurre en muchas novelas corales, hay personajes que sobran y otros que como lector hubiera agradecido que se profundizara más (reconozco que echo de menos especialmente más páginas dedicadas a Niall y Ari). En cualquier caso, la autora es hábil al dotar de una voz propia a los diferentes personajes, con un lenguaje y una forma de expresión adaptada a sus respectivos caracteres. Le reconozco a la autora una gran habilidad en la construcción de los personajes, en dotarlos de características y profundidad más que suficientes para entender sus comportamientos, otorgándoles una identidad propia.

Afortunadamente, una vez el lector se acostumbra a tanto cambio de tiempo y personaje, y superado un tramo central del libro excesivamente disperso, el último tercio del libro es narrado de forma más continúa, siguiendo el orden cronológico, y es en este momento cuando la autora recupera el pulso del libro, donde empieza a encajar las piezas que ha ido repartiendo a lo largo de las casi quinientas páginas, donde la narración coge el ritmo que la historia demanda, con el punto de pausa y reflexión que se requiere para poder echar la vista atrás y ver la historia en perspectiva, tomando el aliento necesario que la intensidad de las últimas páginas nos han robado.

Dicho esto, y para resumir, a pesar de una estructura que no favorece su lectura y con momentos flojos que aportan poco a la narración, sí que es interesante en cuanto a enfoque y temática ya que nos habla acerca de la relación de pareja, la paternidad, las relaciones familiares y también de la distancia que nos une y la que nos separa; de los hijos como elemento que une ambas partes de una pareja y la sujeta; de la redención y los temores. Nos hace reflexionar sobre las decisiones tomadas en el pasado, que nos llevan por caminos no siempre deseados; donde los actos realizados en nuestra vida siguen siempre presentes en nuestro interior y pueden, en cualquier momento, volver a tomar forma en nuestra consciencia y hacernos dudar, forzándonos a revisar el presente y evaluar la vida que hemos tenido. Nos habla de la necesidad de encontrar un sitio físico, pero también espiritual, donde nos sintamos cómodos y pertenezcamos. Ese lugar que todos encontramos en algún momento de la vida, donde sentimos el placer de cerrar los ojos y tener la seguridad que éste es nuestro sitio, nuestro lugar, que tiene que ser aquí.

jueves, 18 de mayo de 2017

Miguel Bonnefoy: El viaje de Octavio

Idioma original: francés
Título original: Le voyage de'Octavio
Año de publicación: 2015
Traducción: Amelia Hernández Muiño
Valoración: entre recomendable y está bien


Curiosa combinación, la de esta novela, que corresponde además con la biografía de su autor; francés hijo de padres hispanoamericanos, en éste su debut literario ha elegido como escenario el país de su madre, Venezuela. Y no sólo para la ambientación: también ha escogido para ello un léxico y una contexto histórico -quizá sería más exacto decir la contextualización que debe hacer el lector... y perdón por el palabro- inequívocamente venezolanos... sólo que escribiendo en francés. La combinación, ya digo, resulta interesante, pues la exuberancia y hasta el barroquismo tropical se ve domeñado o, mejor aún, encauzado por el rigorismo cartesiano galo, dando como resultado una prosa firme al tiempo que colorista y perfumada (la mezcla ha de ser más sugerente aún en la lengua original, supongo).

Por otra parte, también resulta algo chocante el formato elegido para esta contarnos esta historia, que ya desde el título parece remitir a la "epopeya" y, sin embargo, se despacha en poco más de cien páginas. Aclaro que si he escrito epopeya entre comillas no se debe a un ánimo irónico, sino porque la novela no se ajusta, claro está, a la definición exacta de este género literario, pero sí creo que bebe de él, de forma que trata de otorgarle un carácter simbólico, de explorar a través de la narración el concepto de "mito fundacional" de todo un pueblo, más allá de la realidad histórica. Y eso que el argumento de la novela parte de unos presupuestos bien modestos: el protagonista es don Octavio, un maduro y fornido lugareño de un pueblo de los alrededores de Caracas, devenido en barrio de "ranchos", en la segunda mitad del siglo XX. Analfabeto, entabla una relación con una actriz retirada y llamada -mira tú qué cosas- nada menos que Venezuela. A resultas de una falta cometida contra ella -no quiero especificar más para no estropearle la lectura a nadie-, don Octavio se autoexilia y comienza un periplo que le lleva por buena parte del país y que le transforma de una manera que ni él ni los lectores pueden imaginar. Junto a él, encontraremos además los consabidos personajes peculiares, desde ladrones de intachable profesionalidad a niños mendigos, ermitaños menguantes o patriarcas que reinan entre la chatarra. Ni que decir tiene (llevo toda la reseña tratando de evitarlo, pero no queda otra que admitirlo) que la novela es hija y nieta de esa corriente literaria que tanto éxito y grandes obras ha dado a la literatura latinoamericana (aunque no sólo); sí, ése que empieza por "real-" y acaba en "-ágico"... En fin, ¿hace falta explicarlo?

Lo cierto es que resulta algo complicado valorar esta novela; por un lado, es indudable el talento literario, la capacidad narrativa que tiene Bonnefoy; por otro, en esta su primera novela ha transitado por senderos ya bien abiertos, por campos ya trillados. Es evidente que ningún autor novel tiene la obligación, per se, de revolucionar la literatura, innovar o simplemente buscar el riesgo, ni mucho menos, pero es algo que se agradece o al menos se valora. Verdad es, también, que esta novela no deja de trasmitir cierta ambición, al pretender, como he mencionado antes, al proponer un relato que sirva como metáfora mítica de la Historia venezolana (o eso creo... y, por favor, no me estoy refiriendo a la Historia más pegada a la actualidad). Pero lo hace con unos límites tan marcados, en un espacio tan exiguo, que quizás la intención que se le adivina quede tan sólo esbozada; apenas unos trazos de carboncillo sobre un dibujo ya bastante apretado. Esta novela hubiese necesitado más aire y más piel libre que permitiese respirar al tatuaje; más tiempo de reposo para que los sabores se mezclasen adecuadamente y desplegasen todo su potencial en las papilas del degustador... Aún así, no deja de ser un debut notable de un autor que promete. El tiempo dirá si esta promesa se confirma.