domingo, 27 de mayo de 2018

3x1: Muertos que no son lo que parecen

En mis lecturas de los dos últimos meses ha confluido una figura muy interesante: la del muerto que no es lo que parece. Así pues, hoy os traigo tres relatos, casualmente escritos por mujeres, en los que este enigmático personaje nos sorprende. El muerto se presenta, a veces, en tanto que ingenioso plot twist; otras, en tanto que trasunto metafórico. Pero siempre tiene el mismo encanto. 

Empezamos por "La oración" (1895), de Violet Hunt. Como os comentaba en mi reseña de Damas oscuras, este es el cuento que más me gustó de todo el libro. Una mujer que acaba de perder a su marido suplica junto al cadáver del fallecido que éste le sea devuelto. Y ya sabéis lo que dicen: cuidado con lo que deseas, porque podría hacerse realidad.

Seguimos con "La señorita Mary Pask" (1925), de Edith Wharton. En este relato, un hombre decide visitar a la hermana de una amiga suya. Y ella, claro, encantada de la vida; se siente muy sola desde que su hermana se casó, ya nadie viene a verla. Aunque, pensándolo bien, es normal que nadie la visite, ¿no? Al fin y al cabo, ¿no se lloró su muerte hará cosa de un año? 

Por último nos detendremos en "La eternidad de Yasha", texto extraído de la antología Una edad difícil. En él, la autora se plantea lo siguiente: ¿cómo sería el día a día de un hombre una vez se le certifica clínicamente como muerto? ¿Qué gestiones burocráticas debería llevar a cabo, y qué obstáculos legales, laborales y sociales tendría que superar? ¿Cómo se tomarían su defunción los médicos, sus compañeros de trabajo, su pareja, la madre de ésta? ¿Cómo le sentaría la noticia al muerto en cuestión? La carga de crítica social de este relato, mezclada con una ironía retorcida y ecos a la literatura rusa del XIX, lo convierten en un auténtico deleite. Lástima que el final esté totalmente desaprovechado. 

En fin, eso es todo. ¿Conoces tú alguna historia con un muerto que no es un muerto? ¿Te has topado con alguno recientemente tras las páginas de un libro? A mí se me ocurren tres a los que que enfrenté hace ya algún tiempo: el latido persecutorio en "El corazón delator" (1843), ese hijo terrible de "La pata del mono" (1902) o el atípico álter ego que supone Paul Allen para el protagonista de American Psycho (1991). Aunque claro, ¡seguro que hay muchos más!


Bibliografía

Starobinets, Anna. Una edad difícil. Traducción de Raquel Marqués García. Madrid: Nevsky Prospects, 2012.

VV.AA. Damas oscuras. Cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes. Traducción de Alicia Frieyro, Olalla García, Sara Lekanda, Magdalena Palmer y Consuelo Rubio Alcover. Madrid: Impedimenta, 2017.

Wharton, Edith. Historias de fantasmas. Traducción de Francisco Torres Oliver. Madrid: Alianza, 2010. 

sábado, 26 de mayo de 2018

Zadie Smith: Tiempos de swing

Resultado de imagen de zadie smith tiempos de swing amazonIdioma original: inglés
Título original: Swing Time
Año de publicación: 2016
Valoración: Imprescindible




Comencé esta lectura con todas las reservas del mundo: no conocía a la escritora ni tenía idea de lo que iba a encontrarme. En los capítulos de la primera parte, noté una carga ideológica demasiado evidente, además, me parecía innecesario insistir tanto en el origen y evolución de la amistad entre las dos niñas. Pero según iba avanzando comprendí que se trataba de los personajes centrales, y cuatrocientas páginas después habían pasado tantas cosas –no me refiero al argumento sino a sensaciones mías, reflexiones, aprendizajes, simpatías, antipatías y demás– que no puedo evitar defender cada frase, episodio o recurso ni alabar el buen hacer de Zadie Smith.  
Esta novela muestra el papel que juegan pasión, vocación, azar y talento en la fisonomía que adquiere el futuro y, en particular, en el ascenso social de los más débiles. Pero también de los estrechos vínculos que se adquieren en la infancia, al margen de familia y cualquier otra convención. Trata de lo que pesan las raíces, para uno mismo y, sobre todo, en la opinión de los otros; de los dos grandes itinerarios posibles a la hora de lanzarse al mundo: dejarse llevar por los sueños o irse adaptando a las circunstancias, es decir, si la ambición siempre eleva o sirve de lastre a veces; de los condicionamientos que aún tiene el género, la raza, la extracción social etc. en una época que proclama hipócritamente la superación de los prejuicios. Del abismo que existe entre las sociedades opulentas y precarias.
Pero, ante todo y por encima de todo, Tiempos de swing es una historia, una buena historia de las que no pueden dejarte indiferente a pesar de –o gracias a– que narra la evolución de vidas bastante anodinas, anécdotas banales, comportamientos y mentalidades que podemos contemplar a diario. Y es precisamente esto, el hecho de que transcurra con tanta naturalidad, de que los acontecimientos se ensamblen como si lo que leemos fuese vida y no escritura, lo que dota de grandeza al texto, lo que le convierte en elemento vivo, vibrante, que –alternando pasado y presente– rebulle en la cabeza y te despierta, tras ese tiempo eterno de abducción absoluta que pasa a ser rico en experiencias pues se trata de un buceo en las peripecias que se narran intentando atrapar su meollo, Para ello el foco se pone en la realidad, en todas sus facetas y desde todas las ópticas posibles. Y conseguir este objetivo es algo verdaderamente meritorio si se utiliza la primera persona, más aún cuando el recurso no ha sido utilizado por Smith hasta ahora y con el que, según dice ella misma (aunque no se nota nada), no se ha sentido nada cómoda por las limitaciones que impone a la perspectiva. Sin embargo, nada es evidente ni plano ni redondo, cada cuestión encierra miles de aristas, algunas de ellas nunca desveladas.
Aunque la narradora –cuyo nombre permanece oculto– se reserva el papel protagónico, es el temperamento de Tracey –a quien no siempre vemos pero cuyo espíritu permanece latente en el lector–, su personalidad avasalladora, lo que impulsa la acción hasta el final. Dos personalidades complejas, que en realidad son bastantes más, pues durante los veinticinco años transcurridos cada una de ellas se transforma varias veces. ¿Quién de las dos resulta triunfadora? ¿Quién ha sufrido más perdidas en ese batallar constante? ¿En qué consiste esa alianza indisoluble que atraviesa tiempo, espacio, desencuentros y toda clase de avatares?
Los secundarios tampoco son desdeñables. Los padres de ambas y el papel fundamental que juegan en sus vidas, el aparatoso y quimérico mundo de esa gran estrella del rock  que sirve a la narradora para soñar que ha alcanzado el paraíso. Hawa, Lamin y Fern, cooperantes de la aldea africana que –ilusa y frívolamente– la potentada Aimee y sus secuaces tratan de sacar a flote. Aunque muy distintos unos de otros, de todos ellos puede decirse que transmiten verdad, que su presencia, en lugar de mero artificio, es la de seres que caminan libremente por las páginas. Nos veremos reflejados en cada uno de ellos pues “… podemos decir que Aimee vive en su burbuja, lo mismo que tu amiga y, ya que estamos, lo mismo que tú. Puede que sea así para todo el mundo. Solo cambia el tamaño de la burbuja, nada más. Y tal vez el grosor de la… ¿cómo lo llamáis en inglés? La piel… la película. La fina capa que envuelve la burbuja”*
Consideraría por tanto una traición, y hasta un destrozo, lanzarme a desmenuzar técnicas: estructura, localizaciones, individualidades y sus relaciones, simbología y otras estrategias narrativas. Si los mimbres no quedan a la vista mejor no desvelarlos, dejar que el entramado siga pareciendo realidad, algo realmente difícil de alcanzar y que, si a esta novela le sobra, es a fuerza de mucho trabajo y gracias a un talento natural poco común.
(*) Traducción de Eugenia Vázquez Nacarino


También de Zadie Smith: NW London, Dientes blancos, Sobre la belleza

viernes, 25 de mayo de 2018

Thomas Bernhard: El sobrino de Wittgenstein

Idioma original: alemán
Título original: Wittgensteiens Neffe
Traducción: Miguel Sáenz
Año de publicación: 1982
Valoración: está bien

Confieso cierto reparo en reseñar una obra de Thomas Bernhard, por la grandeza del autor, y por la insignificancia de quién reseña este libro. Y a pesar de haber disfrutado con «» (motivo por el cual me animé a seguir indagando en la obra del autor), debo reconocer que este libro me ha dejado algo tibio, por diferentes motivos. Vamos allá.

El libro, de carácter autobiográfico, parte de un episodio de la vida del autor, en el que estuvo internado en el hospital para tratarse de la tuberculosis. En su estancia, coincide con Paul Wittgenstein (a quien hace referencia el título y sobrino del filósofo Ludwig Wittgenstein, por quién Bernhard sintió una profunda admiración), quien se halla internado en el ala de enfermos mentales. Los momentos compartidos entre Bernhard y Paul en el hospital, aunque ubicados en diferentes alas del recinto, son el origen y la semilla de este ensayo, en el que el autor utiliza como vehículo esta particular coincidencia hospitalaria para hablar sobre los temas que giraban en torno su vida.

De esta manera, Bernhard se nutre de las reflexiones originadas durante su estancia hospitalaria para trazar una serie de reflexiones acerca de la vida y la amistad. Así, a modo de ejemplo, el autor realiza un análisis acerca del funcionamiento de los hospitales, pero poniendo el foco en los pacientes internados en él y, en especial, en aquellos que son tratados por enfermedades mentales. Aquí el autor es hábil, y puede que esta parte sea una de las mejores del libro, pues nos habla de la fina línea entre enfermedad mental y genialidad; habla sobre aquellos que son considerados como locos y sus causas para, utilizando como ejemplo a su amigo Paul, analizar el caso de aquellos que se les supone una locura por motivos de un exceso de reflexión sobre el mundo, entendiendo su enfermedad como al exceso de riqueza mental que tienen los filósofos, provocando que estallen su cerebros, pues son incapaces de contener y albergar tantas ideas y reflexiones; el autor lo expone en el siguiente párrafo:

"A uno, Ludwig, lo hizo famoso su filosofía, al otro, Paul, su locura. Uno, Ludwig, fue quizá más filósofo, el otro, Paul, quizá más loco, pero posiblemente creemos que el primero, el Wittgenstein filosófico, es el filósofo, solo porque llevó al papel su filosofía y no su locura, y que el otro, Paul, era un loco porque reprimió su filosofía y no la publicó y solo exhibió su locura. (...) Uno dio publicidad a su cerebro y el otro no. Podría decirse incluso que uno publicó su cerebro y el otro practicó su cerebro."

Más allá de los aspectos relacionados con el hospital, el centro de la obra es la relación del autor con Paul, con el que compartió su pasión por la ópera y la música clásica; el análisis de la relación permite que el autor exponga, a través de sus conversaciones y sus habituales monólogos internos, sus reflexiones sobre diversos aspectos de su día a día. Así, y siempre crítico a la condición humana, Bernhard nos habla también de la capacidad y necesidad de ver más allá de lo que nos conviene, pues a menudo solo vemos aquello que se adapta a nuestras propias ideas u opiniones, estableciendo un marco donde todo encaja sin necesidad de analizarlo, evitando así cuestionar nuestras propias creencias, y asumiendo como única realidad posible la contenida en nuestro marco mental. Asimismo, estableciendo su amistad con Paul como sustento narrativo, el autor analiza y disecciona el concepto de amistad, no únicamente de la suya propia sino del concepto de amistad que la sociedad entiende. Así, con la crítica a la que nos tiene acostumbrados, denuncia las falsas amistades y la supuesta solidaridad de algunos, que la utilizan como vehículo para la satisfacción y contentamiento de uno mismo. Para Bernhard, la amistad es algo muy exclusivo, y difícil de encontrar y mantener:

"Y hoy pienso que las personas que han significado realmente algo en nuestra vida podemos contarlas con los dedos de una mano, y muy a menudo esa mano se rebela contra la perversión que consiste en creer que tenemos que recurrir a toda una mano para contar a esas personas, cuando, si somos sinceros, podríamos arreglárnoslas sin un solo dedo."

Es innegable que Bernhard escribe bien, realmente bien, pero debo admitir que, a pesar de ciertos momentos donde sí he disfrutado del libro por sus reflexiones e incluso por sus críticas ácidas a ciertos aspectos de la sociedad, me da la sensación que el autor abusa en exceso de saberse hábil en el manejo de las palabras y acaba componiendo un relato con exceso de detalle que dudo que entusiasme a los lectores a menos que: 1) sean filósofos (o que sientan un profundo interés por la filosofía), 2) sean amantes de la música clásica, 3) se sientan atraídos especialmente por la opera. Y me da también la sensación que Bernhard escribió este libro como reconocimiento a la influencia positiva que tuvo Paul en él, y de alguna forma el texto que nos ocupa le sirvió al autor para disculparse por haberse distanciado de su amigo en sus días finales y no haber estado la altura de la amistad que mantuvieron ni a la admiración que por él profesaba.

Aun así, el libro tiene sus momentos interesantes por sus críticas afiladas y su evidente sarcasmo, pero también porque la novela es un canto a la amistad verdadera, a aquella que se establece a pesar de la disconformidad en varios aspectos y contiene reflexiones interesantes (compartidas o no) sobre aspectos cotidianos, ya sea la propia amistad o el mundo literario; también es una advertencia a aquellos que abandonan la amistad a la fragilidad de su salud, pues como el propio cuerpo humano, merece todos los cuidados necesarios para que no se desvanezca sin haberla disfrutado a fondo.

También de Bernhard en ULAD: El origenEl sótano,

jueves, 24 de mayo de 2018

Rosario Ferré: Papeles de Pandora

Año de publicación: 1976
Valoración: Recomendable (alto)

Pequeños apuntes biográficos que aportarán algo de luz sobre los párrafos posteriores: Rosario Ferré (1938 – 2016) fue una de las escritoras puertorriqueñas más relevantes del siglo XX. Su origen social, la alta burguesía local (su padre fue gobernador de la isla entre 1968 y 1972, propietario de un empresa cementera, etc), marcará profundamente su obra.

El título del libro que hoy nos ocupa: Pandora es a la mitología griega lo que Eva a la cultura judeocristiana. “Curiosamente”, ambas fueron las causantes del pecado y del mal en el mundo: Eva a través de una manzana y Pandora a través de su caja. Estos “Papeles de Pandora” serían textos que vendrían no a “esparcir” el mal por el mundo, sino a denunciarlo.

El libro en sí: Se trata de un libro absolutamente heterogéneo en el que se reúnen una veintena de textos en los que hallamos relatos breves, poemas y relatos más extensos.

El fondo: Decíamos anteriormente que Rosario Ferre perteneció a una familia de la alta burguesía local, luego la conocía a las mil maravillas. Pues bien, el libro es una continua denuncia de las instituciones y valores que esa clase social representa. En particular, la denuncia del rol tradicional asignado a la mujer en la sociedad local, la contraposición entre burguesía y pueblo y la protesta por el papel representado por aquella en las relaciones semicoloniales entre la isla y los Estados Unidos  son los temas fundamentales.

La forma: Ligado a lo anterior y al afán rupturista de Ferré, los textos tratan de destrozar las formas tradicionales. Así, por ejemplo, la sintaxis y las reglas de puntuación no son “respetadas”, algunos relatos están plagados de términos coloquiales y de palabras casi onomatopéyicas (“Maquinolandera”), en otros se rompe la continuidad espacio-tiempo a través de abigarrados monólogos interiores y en alguno (el magnífico “La bella durmiente”) se observa la huella de las vanguardias de la época al incluir en él, a modo de collage, cartas, artículos de prensa, monólogos, etc. Además de esto, se trata de textos sumamente simbólicos y poéticos, lo que por momentos puede dificultar su comprensión.

Un pero: Ferré pretende (y consigue) denunciar la hipocresía, la vulgaridad y el resto de males que corroen a la burguesía puertorriqueña, pero no sé hasta qué punto consigue hacer accesible esta crítica. Con esto me recuerda un poco a Cortázar, en el sentido de que, pese a su afán rupturista, su escritura no deja de ser hasta cierto punto una escritura “elitista”.

Conclusión: “Papeles de Pandora” se trata de un interesante acercamiento a una literatura que suele pasar desapercibida por estos lares, de un libro heterogéneo en el que los textos, los cuales admiten múltiples lecturas e interpretaciones, están atravesados por la denuncia social, más encubierta en un primer momento por el simbolismo y el lenguaje poético y más clara y descarnada a medida que avanzamos. Es, pese a su complejidad, todo un descubrimiento en el que destacan relatos verdaderamente magníficos como la versión posmoderna y trágica del clásico “La bella durmiente”, el oscuro y brutal  “El collar de camándulas”,  los simbólicos y claramente emparentados con el realismo mágico “La muñeca menor” y “Amalia” o el también trágico “La bailarina”.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Colaboración. Antonio Muñoz Molina: Como la sombra que se va

Idioma original: español.
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable
De nuevo una novela de novelas de Muñoz Molina, en la que se cruzan la biografía de James Earl Ray, asesino de M.L. King, y la vida del narrador en diversos momentos de su vida: en sus inicios como novelista cuando vivía en Granada, trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento y compartía su vida con su primera mujer y a la espera de su segundo hijo.

Coincide la narración con el germen de su primera novela de éxito “El invierno en Lisboa” en la que sin conocer físicamente la ciudad ya la había imaginado en su novela, con sus calles, sus garitos de jazz, las calles de Alfama tan parecidas al Albaicín, también con su castillo en la parte superior como la Alhambra en Granada.

La coincidencia de que el asesino de Luther King huyera desde USA y Canadá y permaneciera unos días escondido en Lisboa antes de huir de nuevo a Londres donde fue detenido, permite al narrador unir eslabones entre la Lisboa que transitó James Earl Ray y la que él había soñado, la que pudo ver por primera vez antes de finalizar su novela y la Lisboa a la que acude casi treinta años después con su mujer y en la que vive su hijo con su pareja.

Como siempre que Muñoz Molina novela un personaje, la meticulosidad de los detalles es apabullante. A través de los objetos personales del asesino, imagina no solo la atmósfera que vivía, sino los olores, los mensajes, todo aquello que nos sirva a los lectores para meternos en la piel del personaje. Y no solo en los elementos externos, la atmósfera y la contextualización sino de cómo sentía, como se vinculaba, una disección de la personalidad a través de los sentidos que el narrador puede reconocer primero a través de noticias, objetos, hechos contados autobiográficamente, sino de lo imaginado y llevado por él: un camino de afuera hacia adentro en el personaje.

También la novela ofrece retazos sobre el proceso creativo de una novela, cómo se genera la idea de escribir y cómo se va desarrollando. Y cómo quién escribe desde la cotidianidad, bebiendo, imaginando y compartiendo con aquellos que forman parte de su vida. El escritor es una persona que escribe, con sus deseos, miserias y sentimientos de su vida real que a veces se mezclan en lo que expresa a través de sus palabras escritas

Novela que integra hechos históricos con recuerdos personales del autor en una miscelánea cada vez más presente en las novelas de Muñoz Molina, donde el autor, el narrador y lo narrado se unen, se acercan y alejan siempre con la maestría de superar los espacios y el tiempo del concepto de novela total que persigue este autor.

                                                                                                                                   Autor: Juan Díaz 

martes, 22 de mayo de 2018

Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra. El manga

Idioma original: japonés
tulo original: Manga de dokuhu, Zaratustra kaku katahiri
Año de publicación: 2008
Traducción: Maite Madinabeitia -Daruma Serveis Lingüistics S.L.
Valoración: delirante

¿Cómo? ¿Nietzsche? ¿Manga? Pues sí, amigos: el manga. Porque resulta que hay una colección, "la otra h", de la editorial Herder (Herder, nada menos...), dedicada a publicar versiones manga de grandes obras de la literatura y, sobre todo, de la filosofía occidental, desde La Divina Comedia a Los hermanos Karamazov, de Homero a Kafka, de Rousseau a Marx y Engels (pasando, cómo no, por...ejem,  En busca del tiempo perdido ). La idea inicial, supongo, era interesar a los jóvenes japoneses -aunque hoy en día, también del resto del mundo-, en las grandes obras obras del pensamiento a través de un medio que les resultara familiar y atractivo. Perfecto, claro, nada que objetar.

Ahora bien, cuando se trata de obras filosóficas, debido a su propia naturaleza especulativa, se ve que la opción ha sido novelizarlas de alguna forma, para hacer más digeribles los conceptos -en este caso, toda esa mandanga del superhombre y el eterno retorno-; este manga nos traslada, pues, a una ciudad alemana del siglo XIX, donde un pastor protestante tiene dos hijos: Zaratustra, un cabroncete bastante macarrilla y Álex, buen chaval, manso y obediente, pero que vive angustiado por la sospecha de ser adoptado, además de por el bullying constante al que le somete el puñetero de su hermano. Como personajes femeninos, nos encontramos, por un  lado, a la santa y paciente madre  de ambos y por otro, también a una misteriosa y bella mujer, Salomé, que aparece en momentos clave de la historia para burlarse de Zara y deduzco que, de paso, provocar ese punto de acicate erótico para la muchachada otaku que todo manga shōnen debe tener... (wikipedia, amigos, si no, de qué carajo voy a saber yo qué es todo eso).


No voy a extenderme con detalle sobre la trama de la historia -poco que ver con el Zaratustra original, aviso-, pero diré que a lo largo de sus páginas esta nave se va escorando hacia el puro delirio: comienza como una especie de anime de la Nippon Animation (Heidi y todo eso), pasa por un culebrón de época de las sobremesas de TVE, vira hacia La naranja mecánica o una peli de Haneke, para acabar encallando en un refrito de Paulo Coelho pasado por Borges... Y por Nietszche, lógicamente, que era de lo que se trataba. De hecho, qué queréis que os diga (y pido perdón  a quienes nos lean desde allende los mares si no entienden de qué hablo): leyendo este manga no he podido dejar de pensar en Joaquín Reyes disfrazado del filósofo alemán, bigotón en ristre, y sentenciando con su acento albaceteño: "¡Así habló Zaratustra! ¡Zaratuuustraaa!" Pues esa imagen es menos delirante que este manga, creedme (aunque aún peor es la obra original del amigo Federico; eso sí que no se lo puede leer ni Dios... menos mal que para entonces ya había muerto, el pobre).

Bueno, ahora, a por El capital, que también promete...


Dado que no se especifica quiénes son los perpetradores finales de este manga, aquí están otras obras del amigo Friedrich Nietzsche reseñadas en Un Libro Al Día: El Anticristo

lunes, 21 de mayo de 2018

¿Cómo que no hay Nobel? ULAD convoca Premio NOVEL

¿Mi cara de pachocha? El disgusto que me han dado
Buenas: ayer compramos un precioso cerdito de arcilla. 0,75 € que nos costó. Le iremos poniendo las monedicas que nos sobran del café, las incordiantes esas de color cobrizo que aún tenemos que mirar con detenimiento para saber de cuánto son. Igual en octubre ya hemos llegado a los dos euros. Oigan, y si no hemos llegado, voy yo con mi poderío y completo hasta esa cantidad. Dos eurazos. Claro, en ULAD no inventamos la dinamita y no tenemos esa carga del descubrimiento mal aplicado en nuestra conciencia. Nuestra conciencia está tranquila y blanquita como las ovejitas de los anuncios de suavizante. O porque pongamos algún librito a parir se nos va a poder comparar con esos sátrapas de la Academia Nobel que, incapaces de subirse la bragueta y apechugar con las consecuencias van y dejan al cosmos literario sin referencia. Nos lo deberíamos haber temido con lo de Dylan. Esta gente no está por lo que tiene que estar. Se nos distraen y ya veis. Poetas egipcios, rápsodas nicaragüenses, narcisistas madrileños, héroes casuales de los jazz-bar japoneses, no desesperéis. Nosotros ya compensamos. Nosotros somos un ente con un historial impecable y llegaremos ahí. 
ULAD convoca unos premios que por poco no tienen nombre, nuestros branding coaches estaban en ello pero el presupuesto no daba para mucho así que de logos hipertrabajados y plafones para el photo-call va a haber que despedirse. Pero por algo se empieza.
Bien sencillo: tres escritores que estén entre los vivos en el momento que esta convocatoria se publique. Que tengan una carrera más o menos consolidada y que no hayan sido premiados antes con ese tal premio Nobel, ése que ahora va a quedar en el olvido. Los motivos para el premio ni  falta que hace. Ya improvisaremos. "Por su aportación en forma de voz fresca dando sentido a la amalgama social de los tiempos modernos". Qué chupi. O "su rutilante estilo y la perdurabilidad de los personajes creados nos permiten hablar de una figura capital". Je. Si no encontramos la frase, ya encontraremos el escritor.
E-mail a nuestro sempiterno correo (unlibroaldia@gmail.com). En el asunto debe constar PREMIOS NOVEL. Tres nombres. Tres puntos para el primero, dos para el segundo, uno para el tercero. Una breve explicación, un par de líneas, justificando cada elección. Entonces se monta una de esas hojitas Excel que nos sobreexcitan, añadimos los votos de los diez colaboradores (serán secretos y se revelarán solamente cuando el veredicto se publique, que sabemos lo muy influencers que somos y lo pesada que es esa carga), y aquel de los votantes que más se acerque al resultado real resultará premiado con un lote de libros suficiente para quebrar la balda más resistente. O sea, tres. Intentaremos que uno sea gordo.
El método de valoración: sumar los puntos obtenidos por cada votante de acuerdo con el resultado final.

  • Un punto por cada coincidencia en la inclusión.
  • Un punto adicional por cada uno que coincida en la posición.
  • Si hay empate, duelo a florete. Bueno, algo inventaremos. Somos muy de inventar.
Y para el escritor o escritora (ya los veo ahí corroídos por los nervios cuando, el 8 de octubre, fecha capicúa, 8-10-18, se proclame el vencedor) que resulte elegido con ese inconmensurable honor, pues igual le cae un Tweet de proclamación y todo, y a partir de ahí a relajarse, a disfrutar la fama, firmar autógrafos, mesas en Sant Jordi, y a fundirse la pasta: su vida quedará solucionada en lo económico y perpetuamente vinculada a ULAD  en lo personal. La Historia empieza a escribirse así, no os quepa duda.